Esta zona devastada fue objeto de una reconstrucción siguiendo las teorías de la arquitectura moderna, con bloques abiertos y zonas peatonales amplias entre los edificios. Éstos se construyeron con un estilo bastante embrutecido, con predominio del hormigón. La imagen general de todo este área es muy diferente del Londres clásico, lo que ha generado polémica desde su construcción. El centro es un complejo edificio de varios niveles y numerosas entradas. En el interior se encuentra una plaza con un estanque. Los recorridos están marcados con líneas de colores en el suelo, para guiar a los visitantes a través de la maraña de recorridos hasta su destino. El centro fue diseñado por los arquitectos Chamberlin, Powell y Bon. En septiembre de 2001, la ministra de cultura Tessa Blackstone, anunció que el complejo sería catalogado como de grado 2, por su especial interés arquitectónico, su cohesión urbana y la ambición del proyecto. A mediados de los años 90 se realizó una mejora estética añadiendo esculturas y caracteres decorativos con reminiscencias del arte en movimiento. En los años 2005 y 2006 el centro experimentó una reforma más significativa. Una reforma diseñada por el arquitecto Allford Hall Monagham Morris, que mejoró la circulación con señales bien definidas al estilo de acuerdo con el estilo original de 1970, con una arquitectura bastante embrutecida. Se añadió un puente interior comunicando el área del vestíbulo del Silk Street con el vestíbulo de la zona del lago. El acceso de Silk, que anteriormente era para vehículos, se reformó para darle un carácter peatonal, convirtiéndose en la entrada principal al complejo. Durante esta rehabilitación se eliminó gran parte de la decoración añadida durante la reforma anterior, la del año 1990. En la parte exterior, el punto principal del centro es el lago y sus terrazas adyacentes. La acústica de la sala principal ha suscitado cierta controversia. Algunos consideran esa sala atractivamente cálida, pero otros afirman que es demasiado seca para conciertos de orquesta completa. En 1994, el ingeniero acústico de Chicago Larry Kirkegaard supervisó una remodelación total de la acústica interior, y según escribió el crítico Norman Lebrecht en el año 2000, esta remodelación produjo “una perceptible mejora en el control del eco y de la absorción acústica”. En 2001 se arrancó el techo del escenario y se repartieron reflectores acústicos ajustables, diseñados por Caruso St John, En el año 2007, la revista de arte y música Gramophone todavía se quejaba subre “la relativa sequedad de la acústica del Barbican”.
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